El Olivo es originario de Asia menor y de las costas de Siria, Líbano y Palestina. La llegada a Europa probablemente tuvo lugar de mano de los Fenicios, en tránsito por Chipre, Creta, e Islas del mar Egeo, pasando a Grecia y más tarde a Italia. Los primeros indicios de la presencia del olivo en las costas mediterráneas españolas coinciden con el dominio romano, aunque fueron posteriormente los árabes los que impulsaron su cultivo en Andalucía, convirtiendo a España en el primer país productor de aceite de oliva a nivel mundial.
Chile posee muchas áreas con condiciones óptimas para la cultivo y explotación de huertos de olivos de alto rendimiento y gran calidad. En los últimos años este cultivo ha experimentado una transformación radical, pasando de ser un rubro rústico con características de marginalidad a uno que atrae inversiones, gran expansión de superficie plantada con nuevas variedades y con incorporación de tecnología, tanto en los procesos de producción, como también en los de industrialización.